jueves, 20 de diciembre de 2012

Lecturas del Día Jueves, noviembre 22, 2012


Primera lectura: Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 5, 1-10
Yo, Juan, vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono, un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi un ángel poderoso, que gritaba con fuerte voz: "¿Quién es digno de abrir el libro y de romper sus sellos?". Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni ver su contenido.
Lloré mucho porque no había nadie digno de abrir el libro y de ver su contenido. Entonces, uno de los ancianos me dijo: "Ya no llores, porque ha vencido el león de la tribu de Judá, el descendiente de David, y Él va a abrir el libro y sus siete sellos".
Vi entonces junto al trono, en medio de los cuatro seres vivientes y de los ancianos, un Cordero. Estaba de pie, y mostraba las señales de haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios, enviados por toda la tierra. Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y al tomarlo, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, con sus cítaras y sus copas de oro llenas de incienso, que significan las oraciones de los santos. Y se pusieron a cantar un cántico nuevo, diciendo:
"Tú eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre compraste para Dios hombres de todas las razas y lenguas, de todos los pueblos y naciones, y con ellos has constituido un reino de sacerdotes, que servirán a nuestro Dios y reinarán sobre la tierra".

Salmo responsorial:
Del salmo 149Bendito sea el Señor.
Entonen al Señor un canto nuevo, en la reunión litúrgica proclámenlo. En su creador y rey, en el Señor, alégrese Israel, su pueblo santo.
En honor de su nombre, que haya danzas, alábenlo con arpa y tamboriles. El Señor es amigo de su pueblo y otorga la victoria a los humildes.
Que se alegren los fieles en el triunfo, que inunde el regocijo sus hogares, que alaben al Señor con sus palabras, porque en esto su pueblo se complace.

Evangelio: Del santo Evangelio según san Lucas: 19, 41-44
En aquel tiempo, cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y contempló la ciudad, lloró por ella y exclamó:
"¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! Pero eso está oculto a tus ojos. Ya vendrán días en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te atacarán por todas partes y te arrasarán. Matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba".

1 comentario:

  1. Entre ambas lecturas encontramos una notable oposición. Jerusalén es objeto de lamentos por parte del Señor Jesús. Ciudad atiborrada de habitantes obtusos que no supieron deletrear las voces de alarma que Dios les lanzara. Alienados por los asuntos y preocupaciones cotidianas, se desentendieron de resolver lo importante. Vivieron embotados y no supieron advertir el peligro inminente que se avecinaba. En la visión que nos refiere el autor del Apocalipsis encontramos algo totalmente diferente. El Cordero reunía dos rasgos aparentemente excluyentes: estaba de pie como vencedor y a la vez parecía degollado. Cristo muerto y resucitado, vencedor y vencido, es la clave que llena de sentido los rollos del Antiguo Testamento. Ningún mortal es capaz de descifrar los misterios divinos. El Hijo, que ha intimado con el Padre, ha aprendido a deletrear su voluntad. Siete cuernos que lo revisten de autoridad; siete ojos que le habilitan de una mirada penetrante para desvelar las situaciones más recónditas de cada una de las iglesias.

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